viernes, 25 de julio de 2008

Decís que te cuesta entenderme. Que es difícil estar a mi lado. Que me perdés por momentos y no sabés por dónde empezar a buscarme... Y lo sé. Yo sé todo eso. Y soy todo eso. Soy mucho más de lo que intuís y mucho menos de lo que sabés. Pero no puedo explicártelo. Lo que no sabés es que me alejo de la orilla de tus manos para ahogarme en los vacíos de tu mirada. No sabés que mis silencios son la voz con la que mis miedos te gritan y que los besos que a veces no entendés son las lágrimas que no derramo. Mis despedidas, repentinas e inesperadas, sólo son disfraces de mi fragilidad. Pero vos no lo sabés. Y yo… no puedo explicártelo. A veces, cuando me deshago bruscamente de tus abrazos, no podés saber que sólo estoy tratando de recuperar el equilibrio. Que envuelta en vos siento muchas veces que me caigo y que me roza el aliento de la locura. A veces también, cuando te abrazo y el tiempo se diluye en nuestras pieles, no podés saber que sólo estoy tratando de ocupar el espacio que en realidad le corresponde a la soledad. A la mía. Pero también a la tuya. Pero no quiero que lo sepas. No quiero que sepas que le puse tu nombre al futuro y llené los espejos con tu mirada. No puedo explicarte cómo soy ni de qué estoy hecha. No puedo hablarte de mis ausencias, de mis temblores, de mis dudas, de mis vacíos, de mis sombras… Porque, ¿qué pensarías entonces? ¿Qué sentirías si supieras que soy capaz de amarte?